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Lunares: cuáles hay que mostrar y cuáles no

Por la Dra. Dayana Arenas ·

Mujer frente al espejo del baño revisándose un lunar en el brazo levantado

Empiezo por lo más importante: la enorme mayoría de los lunares no son nada malo. Son acumulaciones benignas de células pigmentadas, y una persona puede tener decenas de ellos sin que eso represente un problema.

Este artículo no es para que revises tu cuerpo con lupa esta noche. Es para que sepas distinguir lo que vale la pena mostrarle al especialista de lo que no, y para que dejes de perder el sueño por lunares que llevan veinte años exactamente iguales.

El ABCDE del control de lunares

Es la regla clásica en dermatología y sigue siendo profundamente útil. Cada letra representa una señal de advertencia:

  • A de Asimetría: si trazaras una línea por la mitad del lunar (con la imaginación), las dos mitades no coincidirían.
  • B de Bordes: irregulares, dentados, borrosos o mal definidos, como si la tinta se hubiera corrido sobre el papel.
  • C de Color: presencia de varios tonos en el mismo lunar (distintos matices de café, negro, rojo, blanco o azulado).
  • D de Diámetro: un tamaño mayor a 6 milímetros, aproximadamente el diámetro del borrador de un lápiz. El tamaño por sí solo no es definitivo: existen lesiones importantes más pequeñas.
  • E de Evolución: cualquier cambio. Que modifique su tamaño, color, forma o relieve; o que empiece a picar, sangrar o no cicatrizar.

De las cinco letras, la E es la más importante. Un lunar raro que ha permanecido idéntico toda la vida preocupa mucho menos que un lunar común que cambió radicalmente en cuestión de seis meses.

La regla que a veces ayuda más que el ABCDE

Se conoce como la regla del patito feo y suele ser mucho más fácil de aplicar.

Los lunares de una misma persona tienden a parecerse entre sí, como si fueran hermanos. Si al revisarte la espalda o el pecho notas uno que destaca y no se parece en nada a los demás —más oscuro, más grande o con otra forma—, ese es el que hay que mostrar. Incluso aunque no cumpla ninguna de las letras del ABCDE.

Esta regla funciona especialmente bien porque no exige medir ni memorizar criterios complejos: solo requiere comparar.

Cómo revisarte en casa: el autoexamen de piel

Hacer una autoexploración una vez al mes es más que suficiente. Hazlo con buena iluminación, preferiblemente con luz de día:

  • De frente al espejo: cara, cuello, pecho y abdomen.
  • Extremidades superiores: brazos completos, incluyendo axilas y palmas de las manos.
  • Extremidades inferiores: piernas, plantas de los pies y el espacio entre los dedos.
  • Con un espejo de mano, o pidiendo ayuda: espalda, nuca, cuero cabelludo y detrás de las orejas.

Las zonas que habitualmente se olvidan son siempre las mismas: las plantas de los pies, el cuero cabelludo y las uñas. Ten en cuenta que una línea oscura o una banda nueva debajo de una uña también requiere valoración.

Un consejo práctico: si ves algo que te llame la atención, tómale una foto clara con el celular y compárala en tres meses. La memoria suele fallar en estos detalles; una fotografía no.

Qué pasa durante una revisión dermatológica

Se examina la piel de forma integral con luz adecuada, y las lesiones que lo requieran se evalúan con un dermatoscopio: un instrumento óptico con luz y aumento especial que permite ver estructuras bajo la superficie, invisibles a simple vista. Solo se apoya suavemente sobre la piel, sin generar dolor.

En la mayoría de los casos la revisión concluye ahí, con la tranquilidad de que todo está bien. Cuando una lesión no se observa con claridad, hay dos alternativas:

  1. Hacer un seguimiento fotográfico a los pocos meses, para verificar si presenta cambios.
  2. Extraerla para su análisis histopatológico.

Y una aclaración que conviene hacer: retirar un lunar para analizarlo no es una mala noticia. Es la vía más segura y rápida para despejar cualquier duda.

Quién debería revisarse, aunque no note nada extraño

Conviene una valoración preventiva si:

  • Tienes un número elevado de lunares, o varios de aspecto atípico.
  • Tienes antecedentes personales o familiares de cáncer de piel.
  • Tienes piel clara, te quemas con facilidad o sufriste quemaduras solares severas, especialmente en la infancia.
  • Has usado cámaras de bronceo.
  • Trabajas o haces actividad física al aire libre: la exposición solar acumulada a esta altitud es mayor de lo que se percibe.

Cuándo consultar

Si detectas un lunar que cambió, uno que no se parece a ninguno de los demás, uno que sangra o pica sin causa aparente, o si simplemente llevas tiempo con la inquietud: resuélvelo en consulta.

Salir de la duda toma mucho menos tiempo del que llevas preocupándote por ello.

Lo que hacemos en consulta con un lunar —la valoración con dermatoscopio y, si hace falta, retirarlo— está en valoración y extirpación de lunares. Y si lo que te preocupa es el sol, en protector solar en Bogotá explico por qué aquí pesa más de lo que parece.

Referencias

  1. American Academy of Dermatology. Melanoma: signs and symptoms (ABCDEs).
  2. Grob JJ, Bonerandi JJ. The «ugly duckling» sign: identification of the common characteristics of nevi in an individual as a basis for melanoma screening. Arch Dermatol. 1998;134(1):103-104.
  3. Vestergaard ME, Macaskill P, Holt PE, Menzies SW. Dermoscopy compared with naked eye examination for the diagnosis of primary melanoma. Br J Dermatol. 2008;159(3):669-676.